Mariano Sánchez: “Para que una sociedad exista, se necesita una conexión entre las sucesivas generaciones”

Mariano Sánchez, profesor en el Departamento de Sociología de la Universidad de Granada —donde dirige la Cátedra Macrosad de Estudios Intergeneracionales— e investigador internacional asociado al Center for Healthing Ageing de la Penn State University (EEUU), será uno de los ponentes del Congreso Intersectorial de Envejecimiento y Dependencia, que se celebra los días 27 y 28 de septiembre en Jaén.

En la siguiente entrevista explica en qué consiste la intergeneracionalidad y por qué es importante para la sociedad, además de exponer ejemplos, tanto a nivel nacional como internacional, sobre cómo la interacción entre personas de diferentes edades beneficia a la sociedad en su conjunto.

 

-¿En qué consiste exactamente la intergeneracionalidad y qué efectos tiene en la sociedad?

-Intergeneracionalidad es un término que se refiere a la relación entre distintas generaciones. Lo que sucede es que hay dos formas de entender tal relación: una, sin conciencia alguna de las posiciones generacionales implicadas, y otra, cayendo en la cuenta de esas posiciones y de las diferencias y similitudes entre las generaciones. Esta última forma tiene mucho más interés para mí.

En cuanto a los efectos que provoca diría que, ante todo, la intergeneracionalidad es una causa de la sociedad. Dicho de otro modo, para que una sociedad exista se necesita, entre otras cosas, una conexión entre las sucesivas generaciones. No en vano, nuestro concepto de familia se apoya en la solidaridad intergeneracional: las personas adultas cuidamos y criamos a nuestros hijos e hijas. Sin esa relación, la sociedad se extinguiría.

 

-¿Qué dificultades encuentran las distintas generaciones para integrarse e interactuar?

-Dependiendo de qué tipo de generaciones estemos hablando y de si pensamos en un ámbito familiar o extrafamiliar, las dificultades son distintas. Pongamos dos ejemplos. En una familia en la que una hija de 20 años se encuentre viviendo en el extranjero, las dificultades pueden ser meramente instrumentales (por ejemplo, la coordinación de los tiempos para interactuar, el acceso a medios de comunicación adecuados, etc.). Ahora bien, si pensamos en un niño de 9 años y en una persona mayor que no sea de su familia y que viva en un centro residencial para personas mayores, las dificultades pueden ser más estructurales (por ejemplo, la misma imposibilidad de encontrarse o de ponerse en contacto, o la falta de referentes y hasta de lenguajes comunes que permitan la interacción). En general, yo diría que en el espacio familiar suele existir un hábito de interacción, pero fuera de la familia lo que sucede es que muchas personas ni siquiera han tenido la oportunidad de adquirir tal hábito dada la fuerte segregación por edades y generaciones que nos rodea.

 

-¿Qué evidencias científicas existen sobre los beneficios de la intergeneracionalidad?

-Existen evidencias producto de la investigación, pero hay que reconocer que son menos de las que nos gustaría disponer. Por ejemplo, sabemos que el buen contacto intergeneracional mejora las actitudes que las generaciones más jóvenes tienen hacia las personas mayores, disminuye los estereotipos negativos asociados con la edad y también el sentimiento de cierta ansiedad que a algunas personas les produce su propio envejecer. Esto último es muy relevante, porque si una persona mayor posee una percepción positiva y no estereotipada de su envejecimiento, su esperanza de vida puede alargarse. También sabemos que personas jóvenes que han participado en buenos proyectos intergeneracionales han aumentado su autoestima y la confianza en sí mismas y han aprendido nuevas destrezas al poder acceder al conocimiento de personas más experimentadas. Allí donde existen oportunidades para mantener buenas relaciones intergeneracionales se logra crear capital social, confianza, apoyo mutuo y mayores conexiones, lo que permite contar con comunidades y sociedades más cohesionadas, menos fragmentadas.

 

Mariano Sánchez-¿Qué medidas se deberían tomar desde las instituciones públicas para incentivar la intergeneracionalidad?

-La primera está clara: fomentar oportunidades para que quien lo desee pueda entrar en contacto con personas de otras generaciones. Pero estas deben estar bien diseñadas y ejecutadas; no vale cualquier cosa. Las relaciones entre generaciones, como todas las relaciones, pueden conllevar conflictos, desentendimientos e incluso enfrentamientos abiertos.

La segunda medida sería poner encima de la mesa la necesidad de hacer frente a la discriminación por razón de edad y a las percepciones intergeneracionales negativas que nos rodean. En 2018, en España aún hay un 38% de personas de 65 años o más que creen que a los jóvenes no les interesan las personas mayores, a las que tratan con indiferencia. En 2008 ese porcentaje era del 37%. Parece que en una década no hemos avanzado mucho en la mejora de esas percepciones.

 

-La Universidad de Granada ha creado junto a Macrosad una Cátedra pionera en España sobre Estudios Intergeneracionales. ¿Cómo surgió y en qué consiste esta Cátedra?

-Esta iniciativa tiene como origen la decisión de Macrosad de apostar, en su plan estratégico, por la intergeneracionalidad como dimensión transversal. Cuando en la Universidad de Granada nos enteramos de esta original apuesta contactamos con esta cooperativa, nos pusimos manos a la obra para buscar un modo de colaborar y la Cátedra de Estudios Intergeneracionales ha sido el resultado. Consiste en una plataforma para la permanente transferencia de conocimiento entre los Estudios Intergeneracionales, por un lado, y la práctica de la intergeneracionalidad, por otro, para contribuir al progreso socioeconómico y al bienestar de personas y comunidades. Para ello, investigaremos, formaremos, divulgaremos conocimiento y trataremos de lanzar iniciativas que posibiliten el crecimiento de las relaciones intergeneracionales en Andalucía, España y más allá.

 

-En el ámbito internacional, ¿qué iniciativas intergeneracionales le parecen más destacables?

-Por suerte, contamos cada vez con más y mejores iniciativas. Por ejemplo, hace unas semanas visité la Universidad Lasell, en Massachusetts (EE.UU.). Esta institución es conocida porque en el año 2000 inauguró, dentro del propio campus, un espacio residencial y de cuidados para personas mayores donde más de 200 de estas personas tienen acceso a la interacción diaria con jóvenes universitarios. Me parece una idea brillante para potenciar la intergeneracionalidad de la mano de la educación superior. Otro ejemplo: el gobierno de Escocia ha decidido financiar también un campus intergeneracional, pero en este caso combinando las etapas de educación infantil, primaria y secundaria con oportunidades para la educación permanente de adultos. Gracias a esta decisión se han podido renovar varias escuelas y reagruparlas para que los estudiantes puedan crecer en un entorno con presencia de más generaciones.

Como digo, los ejemplos son muchos: proyectos de mentorización, centros cívicos, uso de distintas modalidades artísticas para potenciar el desarrollo intergeneracional comunitario, proyectos de alojamiento intergeneracional… En España también estamos avanzando a muy buen ritmo. De hecho, en septiembre de 2018 abren sus puertas en nuestro país tres centros intergeneracionales, siendo uno de ellos el que Macrosad ha construido en la localidad granadina de Albolote.

Nick Guldemond: “La sociedad debe actuar como un entorno perfecto para ayudar a las personas mayores a mantenerse activas, tanto social como físicamente”

Licenciado en Medicina e Ingeniería Eléctrica, Nick Guldemond trabaja como profesor de Cuidados y Tecnología en el Instituto de Política y Gestión de la Salud de la Universidad Erasmus de Rotterdam. Es asesor de organizaciones internacionales como el Observatorio de eSalud de la OMS y en diversos programas de la Unión Europea como Horizon 2020, así como en una innovadora iniciativa de dispositivos médicos de los Países Bajos.

En esta entrevista nos habla sobre las necesidades de las personas mayores y sobre cómo se les debe apoyar para que se puedan valer por sí mismas. Además, aporta su criterio sobre cuáles son los retos para las diferentes sociedades en el avance de la autonomía personal.

 

-Sintetizando brevemente su ponencia, ¿cuáles son los factores clave que usted destacaría en la promoción de la autonomía en el ámbito internacional?

-La autonomía personal es un proceso de perspectivas diferentes, como la visión individual o la sociosanitaria, pero todas están relacionadas entre sí. De este modo, si se quiere tener un enfoque para apoyar y empoderar a las personas, es importante considerar estos tres aspectos de la autonomía y el envejecimiento: el individuo, las redes sociales y la comunidad.

El envejecimiento de manera saludable es lo más importante y la sociedad debe actuar como un entorno perfecto para ayudar a las personas a mantenerse activas, tanto social como físicamente.

Mi ponencia se va a centrar en qué hacer desde dentro de la sociedad para ser más eficiente y eficaz en lo relativo a la autonomía personal.

 

-Desde su punto de vista, ¿cuál sería el escenario ideal para la autonomía personal en las personas mayores? ¿Qué características o aspectos tendría esta situación?

-Para llegar a un escenario perfecto para la autonomía personal creo que es importante rediseñar el concepto de comunidad de una manera más eficiente. La sociedad debe pensar cómo podemos apoyar a estas personas mayores en la comunidad para satisfacer sus necesidades.

Existen diferentes formas de colaboración que incluyen al municipio y a los cuidadores, por lo que es necesario crear conjuntamente una comunidad mejor y lograr que las personas sean activas y autónomas. En este sentido, la combinación de servicios (médicos, sociales, etc.) solo puede funcionar si existe un sistema eficiente y dinámico que aumente la colaboración entre profesionales.

Por otro lado, el aspecto clave para esta situación sería la existencia de entornos físicos y amigables que respalden a personas mayores junto con, por ejemplo, redes que garanticen la autonomía en el turismo. Además, es necesaria una tecnología apropiada que aporte soluciones para sostener el envejecimiento y que sirva para planear y organizar la forma de actuar y la integración de servicios en nuestras vidas, enfocándose a las necesidades de las personas.

 

-¿Cuáles son los principales retos de futuro que más le preocupan en materia de autonomía personal?

-Lo que vemos es que la comunicación entre los profesionales que cuidan y ayudan a las personas mayores no es tan buena y la colaboración no es efectiva, por lo que la calidad del servicio acabará siendo baja y no se anticiparán a las necesidades de las personas. Se trata de un punto importante que explica por qué hay un fallo en la organización profesional en el apoyo de las personas mayores que desean ser autónomas.

Pero también es importante decir que aquellos que quieran apoyar y ayudar a las personas mayores de una manera más informal (no profesionalizada) tienen que planificar y organizar su atención. Una buena comunicación es la clave para combinar las responsabilidades informales y profesionales, así que debemos acogernos a las regulaciones vigentes.

 

-Como miembro de la EIP AHA y coordinador del grupo experto en programas de eSalud, desde el punto de vista internacional, ¿qué destacaría de España en el ámbito de la autonomía de las personas mayores?

-Creo que si se hace una comparación entre culturas o países, se puede ver que en los países nórdicos la autonomía se ha traducido por lo general en una especie de atención institucional, por lo que la atención a los niños y mayores se profesionaliza mediante centros y escuelas infantiles. Por el contrario, en los países del sur, el cuidado y la atención son más familiares.

Desde la perspectiva social, los países nórdicos tienen mayores problemas con el establecimiento de nuevos apoyos sociales para ayudar a esta parte de la población. Sin embargo, echando un vistazo a los países del sur, nos damos cuenta de que hay infraestructuras y sistemas pensados para cuidar y apoyar a las personas mayores, pero también es parte de la cultura cuidar de la gente desde la perspectiva familiar, comunitaria o religiosa.

Debido a esto, desde mi punto de vista, España debe replantearse la manera de apoyar la autonomía de las personas mayores haciendo uso de las redes existentes con nuevos enfoques y tecnologías, porque la autogestión y la autonomía son una necesidad. Pero también es cierto que España es un país grande donde existen diferencias entre la ciudad y el área rural, y estos entornos diferentes suponen un desafío a tratar.

 

-¿Cómo influyen las caídas en la calidad de la autonomía personal? ¿Qué evidencias científicas ofrecen los estudios existentes a este respecto?

-Si nos centramos en lo que es importante para las personas que han sufrido una caída, nos encontramos con puntos en común en lo que respecta a la autonomía personal y la calidad de vida como, por ejemplo, la interacción social o la buena comunicación.

Desde la perspectiva del hogar existe un ingrediente básico en el envejecimiento activo y saludable: las personas tienen que ser activas, pero siempre respetando sus problemas de movilidad o limitación.

Es importante añadir que para evitar que las personas se vean aisladas, debemos analizar su alimentación, ya que actividades como los talleres de cocina, aparte de ser iniciativas sociales, también mantienen su salud. Sabemos por los estudios que cuando las personas mayores se aíslan, aspectos como la alimentación son puntos de atención en los que se puede anticipar y hacer una intervención temprana.

 

-¿Existen diferencias importantes entre países en la promoción de la autonomía personal? ¿Qué país podría ser un ejemplo a seguir y por qué?

-Hay diferencias entre países, pero también hay buenas prácticas en sistemas de seguimiento y vigilancia, y en España hay ejemplos realmente interesantes, como en Cataluña o Andalucía, del mismo modo que hay otros en Francia. Es importante aprender de cada uno.

Intergeneracionalidad

Alicia Carrillo: “Macrosad parte de la hipótesis de que las actuaciones encaminadas a favorecer la intergeneracionalidad hacen más felices a las personas”

Alicia Carrillo es Directora Regional de Operaciones de Macrosad, cooperativa andaluza dedicada a la prestación de servicios de educación y cuidados para las personas en su infancia y vejez. Diplomada en Trabajo Social y Graduada en Derecho por la Universidad de Granada, también cuenta con un máster de Gerontología Social y un Postgrado en Gestión y Dirección de Centros Residenciales. Junto a otros dos expertos, ofrecerá una ponencia sobre intergeneracionalidad y soledad en el II Congreso Intersectorial de Envejecimiento y Dependencia que se celebra en los días 27 y 28 de septiembre en Jaén.

A continuación, nos adelanta algunas claves para entender por qué la unión entre las generaciones más mayores y las más jóvenes es tan positiva para ambas partes, cómo la sociedad aborda el tema del envejecimiento o cuáles son los esfuerzos que realiza Macrosad para fomentar la intergeneracionalidad.

 

-¿Por qué apuesta Macrosad por la intergeneracionalidad?

-Esta apuesta nace del talento interno de nuestro equipo. Allá por 2007, en una de nuestras escuelas infantiles se comenzaron a generar lo que en su momento eran encuentros informales con mayores de una Unidad de Día en Granada. Tras unos años de trabajo interno y de especialización en programas intergeneracionales, obtuvimos en 2011 el ‘Premio Generaciones Unidas’. Además, comenzamos a aparecer en varias publicaciones y reportajes de revistas especializadas.

Desde entonces, hemos seguido trabajando en esta línea. Gracias a nuestra experiencia, hemos comprobado que promover y movilizar recursos a favor de la interrelación entre las personas de diferentes edades constituye un valor añadido de vital importancia en esta sociedad, la cual tiende a un mayor envejecimiento en relación a la pirámide poblacional.

 

-¿De qué modo trabaja Macrosad con la intergeneracionalidad? ¿Qué puede aportar una entidad gestora en torno a este tema, tanto a nivel práctico como en investigación?

-Macrosad parte de la hipótesis de que las actuaciones encaminadas a favorecer la intergeneracionalidad no sólo hacen felices a las personas, sino que suponen un valor añadido para las sociedades actuales y también para las venideras.

Por ello, contamos con apoyo del ámbito académico, como el de la Universidad de Jaén o la Universidad de Granada, que conocen perfectamente el campo de la investigación y desde hace aproximadamente un año tenemos abierta una línea concreta para investigar sobre intergeneracionalidad y felicidad. En diciembre tendremos los primeros resultados.

 

-Por la experiencia y recorrido de Macrosad en estos 24 años, ¿cómo ha ido evolucionando la intergeneracionalidad en la sociedad y el modo de fomentarla?

-En el último cuarto de siglo, tiempo de vida de Macrosad, la sociedad ha ido evolucionando hacia una pirámide de población cuyo grueso se encuentra en la generación que hoy tiene entre 50 y 60 años, el llamado “Baby Boom”. Según un informe de la ONU, la población mayor de 65 años se doblará en 2050 y eso no es sino una muestra palmaria del cambio social que ha experimentado nuestra sociedad en los últimos años.

La responsabilidad de quienes interactuamos con la sociedad, desde el mundo de la empresa, es entender la sociedad que tenemos y actuar en consecuencia. Por ello, y siendo conscientes de estos cambios sociales, en Macrosad hemos ido realizando en este tiempo diferentes acciones que nos han llevado a evolucionar en esta área.

En el inicio, nuestro trabajo fue progresando desde actividades puntuales a pequeña escala a un proyecto real y continuado en el tiempo. En la actualidad, podemos hablar de intergeneracionalidad como una seña de identidad intrínseca en todos nuestros centros y servicios. Gracias a nuestra experiencia, hemos reforzado este marco conceptual y ha hecho que demos un salto de posicionamiento, hasta el punto de que nosotros no utilizamos la intergeneracionalidad y la tecnología, sino que somos la intergeneracionalidad y la tecnología aplicada.

 

-Apelando de nuevo a su experiencia, ¿qué es lo que más suelen demandar las personas usuarias respecto a este tema?

-Desde Macrosad venimos observando que las personas mayores que están en contacto continuo con generaciones más jóvenes tienen una serie de beneficios cognitivos y emocionales importantes.

Esto se incrementa a medida que movilizamos más recursos a favor de la cooperación, la interacción y el intercambio entre personas de diferentes generaciones. Por ello, somos capaces de mejorar su autoestima, reducir comportamientos depresivos, disipar los sentimientos de soledad o de abandono, reducir el aislamiento entre ellos y hacerles, en definitiva, más felices.

En el caso de los niños y niñas a través de la intergeneracionalidad, se pretende modificar la percepción que suelen tener sobre las personas mayores. También aumenta su facilidad para entenderlos, reciben conocimientos de personas con una gran experiencia vital y van teniendo conciencia de los asuntos que le preocupan a las generaciones más avanzadas. En definitiva, también ayudamos a educar desde edades muy tempranas para tener una percepción positiva de los mayores.

¿Alguien se ha parado alguna vez a pensar cuánto cuesta un momento de felicidad o un pensamiento positivo? Desde Macrosad no aspiramos a cuantificarlos, sino a fomentar que la felicidad sea parte del día a día de las personas mayores y también de los niños y niñas.

 

-¿Cómo se deben abordar las situaciones de soledad en el contexto de prestación de servicios?

-El Instituto Nacional de Estadística hizo una predicción en la que adelantaba que en 2031 habría más de 5,5 millones de hogares unipersonales, lo que supondría el 28,6% del total. Datos muy significativos que nos hacen pensar que abordar la soledad es realmente crucial.

La soledad está dejando de ser un problema personal o psicológico —sentirse solo — para convertirse en un grave problema social (enfatiza esta palabra) y de salud pública —sentirse solo, estar solo y estar aislado—.

La soledad de las personas mayores parece una consecuencia lógica de sociedades “líquidas” y las sociedades inteligentes, la llamada Smart City, donde se han debilitado los vínculos, las relaciones y las redes sociales. Los procesos de individualización y personalización no han generado nuevos vínculos comunitarios que sustituyan a los antiguos, es decir, parece que se han debilitado las redes tradicionales de reciprocidad y apoyo mutuo sin haber sido sustituidas por otras nuevas.

 

-¿Cree que la sociedad está preparada para la intergeneracionalidad?

-Desde Macrosad nos vamos preparando e intentamos trasladar el mensaje de la necesidad de adaptación. En el último año hemos realizado un total de 210 actividades intergeneracionales, en el que participaron de media, en cada uno de los centros, más de 300 niños y niñas y más de una treintena de personas mayores.

La sociedad española, al igual que la europea, ha asumido como una realidad el progresivo envejecimiento de la población y comienza a ser consciente de los muchos beneficios emocionales y psicosociales que nos aporta integrar a las personas de distintas edades. Es por ello que podemos observar cómo cada vez son más las iniciativas sociales que emanan tanto de las Administraciones Públicas como de las propias entidades sociales.

Por eso, en Macrosad pondremos en marcha este año nuestro centro intergeneracional, el primero de España, con niños y niñas de edades comprendidas entre los 0 y los 3 años y un Centro de Día para personas mayores dependientes, a través del cual y de manera planificada, personas de distintas generaciones podrán compartir servicios y programas.

Será en Albolote (Granada) y sus instalaciones estarán íntegramente diseñadas para servir de espacio intergeneracional, como un tubo de ensayo que nos ayude a crear sociedades y generaciones más cohesionadas e inclusivas.

Yolanda de la Fuente Robles: “La maquinaria de la universidad se alimenta de congresos de alto nivel como el II Congreso de Envejecimiento y Dependencia”

Yolanda de la Fuente Robles, Catedrática de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad de Jaén y Consultora Internacional del Banco Mundial, será ponente en la primera jornada del II Congreso Intersectorial de Envejecimiento y Dependencia, que tendrá lugar en los días 27 y 28 de septiembre en Jaén.

En esta entrevista, la representante de la universidad cuenta en qué consiste el envejecimiento digno dentro de la nueva realidad de las sociedades actuales, poniendo el énfasis en la labor de la universidad como agente de cambio social.

 

-¿Qué se entiende por un envejecimiento digno y por qué es un concepto cada vez más importante?

-El envejecimiento digno se puede resumir en algo muy sencillo: la dignidad implica felicidad. Es muy importante que unamos ambos conceptos. Se trata de llegar a la vejez y vivirla de una forma positiva. Con el paso del tiempo se ha llevado a cabo una transición de paradigmas y la sociedad está cambiando muy rápido. Sin embargo, queda un punto importante: que se adapten aquellas administraciones o instituciones que hacen que el envejecimiento sea una oportunidad. Una oportunidad que implique seguir viviendo en plenitud y de una manera feliz.

 

-¿Cuál es el papel de la Universidad para conseguir un envejecimiento digno y qué aporta en cuanto a innovación?

-La universidad tiene un papel muy importante. No solo tiene que formar a los alumnos que serán los profesionales del mañana, sino que también tiene el papel fundamental de transferir conocimiento, de investigar y de ser motor de ese cambio. La universidad, si quiere cumplir la función para la que fue creada, tiene que dar respuesta a lo que la sociedad demanda y no ir a remolque de los cambios. Por eso tiene que investigar, detectar cuáles son esas necesidades y oportunidades y poner en funcionamiento esos nuevos cambios.

Yo creo que la universidad, si actúa no solamente desde el punto de vista formativo, sino además desde el punto de vista de la responsabilidad social, tiene que estar al frente de esos cambios, liderarlos y ser capaz de transformar la formación a lo que verdaderamente va a demandar la ciudadanía. No nos sirve ya formar al alumnado con unos métodos de aprendizaje clásicos y en conocimientos estancos. Ahora mismo tenemos esa oportunidad de participar en congresos y en comités científicos, abrir las puertas de la universidad y traernos ese conocimiento de la calle hacia el aula para compartirlo con nuestros alumnos. Esa es la clave.

 

-Sobre la actual atención a la dependencia, ¿cómo cree que podría mejorarse?

-Sobre la actual atención a la dependencia hay mucho que hacer. Hemos visto que la crisis ha sido un punto de inflexión en esa atención a la dependencia. Teníamos una ley magnífica, pero creo que también faltaba saber cómo llevarla a cabo desde el punto de vista de la financiación.

La dependencia tiene ahora un buen marco de atención y unas buenas herramientas, pero sin duda hay que seguir avanzando. Hay que pensar no solo en la atención a la dependencia, sino también quizá al paso anterior, a la promoción de la autonomía. Tenemos que desarrollar líneas que se quedaron atrás por la crisis y herramientas que ya aparecían en la propia ley de la dependencia. Es el caso de la asistencia personal o de las unidades de respiro.

-¿Cree que hay suficiente concienciación sobre el envejecimiento digno en la sociedad en general y en los propios sectores implicados?

-Yo creo que la sociedad va tomando conciencia sobre el envejecimiento en la medida en que las personas van tomando conciencia de la edad que van cumpliendo.

Con las últimas movilizaciones sobre el tema de las pensiones, se está visualizando al envejecimiento, a la ciudadanía que está en ese grupo de población como persona activa. Se tiene que dar una nueva respuesta, ya que con las personas mayores ya no funcionan las respuestas clásicas. Hay que concienciar a todo el mundo de ese nuevo perfil de personas mayores.

 

-¿Cuál es la responsabilidad de la sociedad en su conjunto en el objetivo de crear un envejecimiento digno y positivo? ¿Qué podría hacer para avanzar?

-Si lo unimos al tema de qué se puede hacer para avanzar, la respuesta es conocer bien a las personas a las que se va a atender. Por ello, el tema del perfil es muy importante como también lo es el de los roles. No se trata solo de las personas mayores, sino también de qué papel quieren jugar. Las personas mayores tienen que ser agentes de transformación social. Por eso hay que conocer bien ese perfil y comprobar que se trata de personas con estudios, que conocen y utilizan las tecnologías, en el que las mujeres han participado en el mercado laboral y, sobre todo, quieren participar y ser protagonistas en la sociedad en la que viven. Es una nueva ciudadanía a la que la sociedad debe intentar atender en esos retos que ya están presentes.

 

-¿Cómo valora la celebración de este II Congreso de Envejecimiento y Dependencia en Jaén?

-La valoro de una manera muy positiva. Yo creo que la fundación Ageing Lab es punta de lanza en Andalucía en innovación y en transferencia de conocimiento, sobre todo en temas de envejecimiento y dependencia. Toda esa labor, unido al hecho de que este segundo congreso recoge los retos que se vieron que había que afrontar en el primero, está creando mucha investigación, mucha innovación y, ante todo, futuras líneas de trabajo en la universidad, que no puede dar la espalda a lo que está sucediendo. Ante estos congresos tan importantes donde se expone intervención social de primer nivel y se presenta todo tipo de actividades relacionadas con la temática, la universidad tiene que recoger y transferir todo ese conocimiento para que nos sea útil. La universidad es como una especie de máquina que se nutre con congresos de este nivel para seguir avanzando en la línea del envejecimiento digno y positivo.